Escoge un poema, te damos unas recomendaciones


Tiempo de invierno - Robert Louis Stevenson

Tarde yace el sol invernal en la cama, una cara congelada, ardiente cabeza dormilona, pestañea cada una hora o dos, y luego, se pone naranja rojo-sangre nuevamente.

Antes que las estrellas hayan dejado los cielos, a la mañana me levanto en la oscuridad, y temblando en mi desnudez, junto a la fría vela, me baño y me visto.

Me siento cerca del fuego alegre para calentar un poco mis huesos congelados, o con un trineo de renos, exploro los países más fríos alrededor de la puerta.


Cuando estoy por salir, mi enfermera me envuelve en mi gorro y edredón, el viento frío quema mi rostro, y sopla su pimienta congelada arriba de mi nariz.

Negros son mis pasos en el césped plateado, grueso sopla afuera mi aliento congelado, y árbol y casa, y colina y lago, están congelados como un pastel de bodas.


Soneto 97 - William Shakespeare 

¡Oh, qué tan semejante al invierno me ha sido, 

esta ausencia de ti, placer de año fugaz!

¡Qué heladas he sentido, qué oscuros días vi!

¡Qué vieja desnudez, en todo, de Diciembre!

Mas el tiempo de ausencia era estación de estío, 

el otoño fecundo, orlado en ricos frutos, 

llevando el peso erótico de la fiel primavera, 

como vientres de viudas, tras morir sus esposos.

Pero esta inmensa prole a mí me parecía, 

como esperanza huérfana, como frutos sin padre, 

ya que el dulce verano tan sólo a ti esperaba 

y por estar tan lejos no cantan ni los pájaros:

O si cantan lo hacen con tal sombra de pena,

 que las hojas desmayan, temiendo ya el invierno.




Árboles de invierno - Sylvia Plath


Las húmedas tintas del amanecer se diluyen en su azul.

Con su secante de niebla los árboles 

semejan un dibujo botánico - 

recuerdos que surgen, anillo sobre anillo,

 una sucesión de bodas.


Sin saber de abortos ni rencores, 

más fieles que las mujeres,

¡se siembran con tan poco esfuerzo!

Saboreando los vientos, que no tienen raíces, 

inmersos en la historia -


repletos de alas, pura espiritualidad.

Así, son Ledas.

¡Oh! madre de las hojas y la dulzura

¿quiénes son estas imágenes de la Piedad?

Las sombras de las palomas con su salmodia, que nada alivia.





Nochebuena - César Vallejo 


Al callar la orquesta, pasean veladas
sombras femeninas bajo los ramajes,
por cuya hojarasca se filtran heladas
quimeras de luna, pálidos celajes.

Hay labios que lloran arias olvidadas,
grandes lirios fingen los ebúrneos trajes.
Charlas y sonrisas en locas bandadas
perfuman de seda los rudos boscajes.

Espero que ría la luz de tu vuelta;
y en la epifanía de tu forma esbelta,
cantará la fiesta en oro mayor.

Balarán mis versos en tu predio entonces,
canturreando en todos sus místicos bronces
que ha nacido el niño-Jesús de tu amor.




El cultivo de los árboles de Navidad - T. S. Eliot


Existen diversas actitudes en relación con la Navidad,
y de alguna de ellas podemos hacer caso omiso:
la social, la torpe, la manifiestamente comercial,
la bulliciosa (los bares están abiertos hasta la medianoche),
y la infantil, que no es la del niño
para el cual cada vela es una estrella, y el ángel dorado
desplegando sus alas en la copa del árbol
no es solamente un adorno, sino un ángel.
El niño se maravilla ante el árbol de Navidad:
dejadlo que continúe con ese espíritu de maravilla
ante la Fiesta, como un evento aceptado, no como un pretexto;
de modo que el luminoso enajenamiento, el asombro
del primer árbol de Navidad recordado,
de modo que las sorpresas, las alegrías de las nuevas posesiones
(cada una con su inconfundible y excitante perfume)
y la espera del ganso o del pavo,
y el expectante momento de su aparición,
de modo que la reverencia y el gozo
no sean olvidados en las experiencias posteriores,
en la fastidiosa rutina, la fatiga, el tedio,
el conocimiento de la muerte, la conciencia del fracaso,
o en la piedad del converso
que pudiera teñirle de vanagloria
desagradable a Dios e irrespetuosa hacia los niños
(y aquí el recuerdo también con gratitud
a Santa Lucía, su villancico, su corona de fuego):
de modo que antes del fin, en la octogésima Navidad
(significando por "octogésima" la última, cualquiera sea),
los acumulados recuerdos de la emoción anual
puedan concentrarse en una gran alegría
semejante siempre a un gran temor, como la ocasión
en que el temor llega a cada alma:
pues el principio nos ha de recordar el fin
y la primera venida la segunda venida.





Los Reyes Magos - William Butler Yates


Ahora, como siempre, pálidos e insatisfechos, 

me parece

que puedo verlos: con sus tiesas, coloreadas vestiduras, aparecen en el celeste fondo azul y desaparecen,

todos con rostro anciano cual piedra batida por la lluvia,

todos con el casco de plata, oscilando de uno a otro

lado,

todos con los ojos atentos, esperando volver a dar,

no habiéndoles satisfecho la turbulencia del Calvario,

con el misterio incontrolable que sacude el suelo bestial.



Los Bueyes - Thomas Hardy


Es Nochebuena y van a dar las doce.

"Ahora se arrodillan"

un viejo dijo, en tanto que, muy juntos, al amor del rescoldo nos sentábamos.

Y ya nos figuramos las mansas, apacibles criaturas, en su rincón de paja: y nadie puso en duda que hincasen la rodilla en tal momento.

¡Tan bella fantasía pocos alimentaran en estos tiempos! Pero si alguno me dijera, en Nochebuena:

"Ven: verás a los bueyes que ahora se arrodillan,

en su establo sin nadie, junto al patio, donde tanto estuvimos siendo niños", con él me iría, entre las sombras, henchido de esperanza.




Navidad: villancicos II - Sor Juana Inés de la Cruz


Estribillo.

—Al Niño Divino que llora en Bélen,

¡déjen-lé,

pues llorando mi mal, consigo mi 

bien!

jDéjen-lé,

que a lo Criollito yo le cantaré!

¡Le, le, que le, le le!


Coplas.

1.- Sed tiene de penas

Dios, y es bien le den 

sus ojos el agua,

el barro mi ser:

¡déjen-lé!


2.- Dejen que el Sol llore;

pues aunque al nacer

también llora el Alba.

no llora tan bien:

¡déjen-lé!

que es el llanto del mal,

aurora del bien

¡déjen-lé,

que a lo Criollito yo le cantaré!


1.- Que mi llanto enjugue 

su llanto, y que este

Dios cono Humano,

¡déjen-lé!


2.- Si es Piedra Imán Cristo, 

y es tan al revés, 

que al Imán un yerro 

le pudo atraer,

¡déjen-lé,

que venir Dios a tierra

levantarme es!


1.- ¡Déjen-lé!


1.- ¡Que esté, cuando el tiempo

es criado de Él 

a la ley sujeto 

de un tiempo sin ley!

¡Déjen-lé!


2.- ¡Que al ver Dios al hombre 

tormenta correr,

baje Él, siendo en mares 

de llanto, Bajel!

¡Déjen-lé.

que todo es Mar y Cielo 

cuanto allí se ve!

1.- ¡Déjen-lé!


1.- ¡Que en pajiza cuna 

de su Luz dosel, 

el Sol cuando nace 

se venga a poner!

¡Déjen-lé!


2.- Si Dios por no herirme, 

siendo recto Juez.

Humano convierte 

el rayo en laurel,

¡déjen-lé,

que llorando mi mal 

consigo mi bien!


1.- ¡Déjen-lé,

que a lo Criollito yo le cantaré!




Campanas de Navidad - John Clare 


El canto espera, una alegre multitud,

al amanecer con la simplicidad de siempre,

todavía imita la canción de los ángeles,

y el canto de su cancioncilla de Navidad sigue;


Y, en medio de la tormenta que encrudece el cielo, a trompicones, se cuela suavemente 

la música de las campanas del pueblo,

resonando con sus alegres repiques.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Libros sobre libros

Diario de lectura 2026